Cuando yo era pequeño y los marcadores de los coches tenían forma de reloj analógico, nos asomábamos al cuentakilómetros (realmente era el velocímetro, pero le decíamos así) y mirábamos cuanto corrían los coches, en función de la cifra máxima de su marcador. Con los años, nos fuimos dado cuenta que lo que decía el marcador no era lo que corría el coche sino lo que mentía el fabricante. Estábamos equivocados, pero éramos felices.